miércoles, 12 de noviembre de 2008

Domingo Primero de Adviento


Por el Padre Leonardo Castellani

“Hay cosas que no pueden saberse sin volverse loco, antes de saberlas o después de saberlas…” Lactancio

…Prodigio tan claro y tan asombroso, aunque por el momento mostró el poder de Dios a los hombres, sin embargo fue principalmente signo y prefiguración de una cosa mayor, la cual parecidamente Dios ha de hacer en la última consumación de los tiempos. Pues liberó a su gente de la pesada esclavitud del mundo. Pero como entonces era uno sólo el pueblo de Dios, y estaba en una sola nación, entonces sólo Egipto fue golpeado. Mas ahora, porque el pueblo congregado de entre todas las lenguas, habita entre las gentes, y es dominado y oprimido por ellas, ocurre que todas las naciones, es decir, el orbe entero, sea azotado con justo flagelo, para librar al pueblo santo y cultor de Dios. Y como entonces acontecieron prodigios con que la futura derrota de Egipto se mostrará, así en el final sucederán portentos asombrosos en todos los elementos, por los cuales se entienda por todos el final el final inminente (Traduzco en el mismo tono retórico del autor).
“Aproximándose pues el término de este ciclo, es forzoso que se inmute el estado de las cosas humanas y caiga más abajo aún, a causa de la maldad creciente; de tal modo que aun estos tiempos nuestros en que la injusticia y la malignidad creció el sumo grado, en comparación con aquel mal extremo e insanable, se podrían tener como felices y realmente como aureos.
“Pues de tal manera escaseará la justicia; y crecerán de tal modo la codicia y lascivia, que si algunos entonces fueren buenos, serán presa de los malevos y atropellados de todos modos por los injustos; sólo los malos serán opulentos, y los buenos se debatirán en la pobreza y en las vejaciones.
“Se contusionará todo el derecho y perecerán las leyes. Ninguno entonces poseerá nada si no fuere adquirido o defendido malamente: la audacia y la fuerza lo poseerán todo. No habrá confianza en los hombres ni paz ni humanidad ni pudor; ni verdad. Y así tampoco habrá seguridad ni gobierno derecho, ni refugio contra los males.
“Toda la tierra se alborotará, y rugirán guerras por doquiera; todas las gentes andarán en armamento y se resistirán mutuamente. Las naciones fronterizas pelearán entre sí. Y Egipto el primero de todos pagará el castigo de sus estúpidas supersticiones y será cubierto por un río de sangre. Entonces la espada recorrerá la tierra, segándola toda y postrando las cosas como mies madura. (Egipto: figura de la Capital agresora, sea cual fuere.- Ver Apoc. XI, 8).
“Y de esta confusión y devastación, la causa será que el nombre Romano, por el cual hoy se rige el orbe (me horroriza el decirlo, pero lo diré porque ha de suceder) será quitado de la tierra y el dominio volverá a Asia, y de nuevo mandará el Oriente; y el Occidente servirá.
“Ni debe extrañar a nadie que un reino tan potentemente cimentado, tanto tiempo y por tantos magnos varones válido, y con tan grandes monumentos confirmado, todo no obstante un día caerá. Nada hay creado por fuerzas humanas que las mismas fuerzas humanas no pueden destruir: porque mortales son las obras de los mortales; pues los otros reinos anteriores, habiendo luengamente florecido, sin embargo, también murieron…”.
No sabemos de donde sacó el insigne predecesor y maestro de SAN AGUSTÍN en el siglo III está describiendo y predicción de unos tiempos que, en nuestra opinión, se dan un aire a los del siglo XX…Pero allí esta ella; y yo la he copiado al pie de la letra.
CRISTO quizá advirtió a sus oyentes (como algunos quieren creer) que los dos Grandes Sucesos no eran Uno sino el reflejo; pero no así el Evangelista a sus lectores. SAN PABLO dijo a los de Tesalónica cual era e “Obstáculo” que impedía la manifestación del Anticristo; “pero no a nosotros”, exclama dolido SAN AGUSTÍN. La Primera Venida de Cristo fue marcada por DANIEL profeta con una cifra exacta de años. DANIEL dio una cifra exacta, aunque referida a una cronología convencional; y los exégetas difieren en la aplicación de esta cifra; pero no así la Segunda. Varias veces la Cristiandad (siglo IV, siglo X, siglo XIV) ha temido ya estar delante de “la Hora temida y el Día definitiva”, como decía SAN JERÓNIMO el año 409 – y se ha equivocado; pero algún día no se equivocará.
Yo sé decir que si todos mis conciudadanos supieran algo que yo sé, habría más golpes de pecho y menos risotadas en la República Argentina. Desdichado del que ha sido escogido para saber cosas que no pueden decir; pero feliz en definitiva para saber cosas; y mil veces feliz si esas cosas son “las cosas que te van a salvar”: ea quae sunt ad pacem tibi (Lc. XIX, 42). Como el pobre loco JOSHUA de Jerusalén, que las pasó muy malas; pero al fin y al cabo, él sabía, y los demás estaban ciegos. (LEONARDO CASTELLANI CONTE-POMI, Th. D. El Evangelio de Jesucristo, 3ª Edición, Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1963, págs. 384-394).

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