martes, 23 de diciembre de 2008

San Juan Evangelista


En el Niño de Belén adoramos en este tiempo a todo un Dios. Parecía natural que SAN JUAN, siendo como es el Evangelista de la Divinidad de Cristo, se encontrara ahora junto a su cuna.

El Niño Dios gusta rodearse de almas puras; MARÍA es la Virgen por excelencia, que lava sus vestidos en la sangre del cordero; JOSÉ su Esposo virginal; ESTEBAN es el primer mártir. Coronado con la aureola de los que han vencido su carne, llegó a ser el discípulo predilecto de Jesús, y hasta se le dio reclinar su cabeza sobre el pecho de Jesús, en la Cena, (Ev.). Merced a su angelical pureza, de aquel costado bebió la sublime sabiduría que le distingue y le valió la aureola de los Doctores (Epist. Int.). A SAN JUAN debemos las páginas más hermosas acerca de la Divinidad del Verbo encarnado, su represente cual águila caudal que se cierne en las alturas. También se ve decorado con la aureola de mártir, pues se le submergió en un perol de aceite hirviendo, aunque no muere por ello.
Adoremos y confesamos con que SAN JUAN al Verbo hecho carne, que habita ya y habitará entre nosotros hasta la consumición de los siglos; e imitemos su pureza, pues Dios se complace en morar con los limpios de corazón.

De un reconocido autor: “Entre las extrañas cosas que nos relata ANA CATALINA DE EMMERICH se cuentan las que se refieren a SAN JUAN EVANGELISTA. En sus visiones, ANA CATALINA nos lo ha descripto en plena juventud, junto al Maestro; en compañía de la Virgen, después de la Ascensión del Señor; viajando y fundando comunidades, particularmente en Asía Menor; redactando sus obras y enseñando a sus discípulos; en fin en la hora suprema de su muerte maravillosa, que es como toda su vida y sus escritos una lumbre sorprendente que habita el mundo, lo hace diáfano en la significación d sus raíces celestes, o lo promueve a sus verdaderos niveles de transfiguración. Todo lo que es sombra se aparta, todo lo que es lumbre se adensa, todo lo es forma se configura diáfanamente, todo lo que fuego arde y crepita en la suprema instancia de una vibración divina y absoluta. Así como JUAN hacía con las cosas en Éfeso o en Roma, frente a las potencias tenebrosas del “dios de este mundo”: en Éfeso – dice ANA CATALINA – debió enfrentar esos poderes con su palabra iluminante: ante una copa de veneno mortífero, con las manos atadas, desvalido y solo, separa con su verbo escindente las tinieblas, que salen del cáliz como un vapor negruzco, y congrega en cambio la luz, que se adensa en la bebida ahora inofensiva…”.

Son lecturas del mes de diciembre de 2008: San Esteban Promártir, Los Santos Inocentes, mártires, Santo Tomás de Cantorbery, obispo y M.

Editó Gabriel Pautasso
Instituto Eremita Urbanus

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