Me llamo Gabriel Pautasso, tengo 65 años y 8 hijos.
Soy graduado como licenciado y profesor de historia, cuasi doctor, mejor doctorando por la Universidad Nacional de Córdoba desde 1973, por la Facultad de Filosofía y Humanidades y antes en el Colegio Nacional de Monserrat desde 1957 al 1963Soy un antiguo profesor encargado de Historia de Educación hasta 1986 y pasé a ser profesor de la Provincia de Córdoba. Estoy jubilado pero no retirado de la vida académica.
Quería que me conocieran por Dios, y en la Patria argentina.
Ahora bien, a la UNIVERSITAS CORDUBENSIS TUCUMANAE volveremos, como decíamos ayer…
Hace dos siglos y un poco subía al pontificado el monje franciscano GANGANELLI, CLEMENTE XIV en la historia de la Iglesia, cuyo gobierno se extiende hasta 1774, y cuya sospechosa muerte ilustra al parecer las tremendas fuerzas desatadas por su política y su gestión sacra.
Curioso destino el de este nombre pontificio: CLEMENTE V abolió la orden de los Templarios; CLEMENTE VIII repristinar a los jesuitas, sobre quienes promulgó documentos importantes; CLEMENTE XI, el papa de la bula Unigenitus contra los jansenistas, abrió quizá el período moderno de la controversia doctrinal – y de la dialéctica – entre “tradicionalistas” y “progresistas”; CLEMENTE XIII, amigo de los jesuitas, moduló hacia una posición como la de CLEMENTE VIII, y hubiera terminado quizá por abolirlos; en fin, CLEMENTE XIV, cuya figura y cuya significación cabal resulta totalmente ignorada – o vilipendiada – por acción de la propaganda jesuita o projesuita, cierra esta serie de los “clementes”, con su trágica y dolorosa muerte. ¿Habrá alguno de los pontífices futuros que se atreva a reivindicar para sí este nombre ilustre, después del acto imperativo de CLEMENTE XIV y después de la tremenda confabulación contra su personalidad y su obra? La reflexión se impone no sólo como mera fantasía, sino como indagación de la situación actual en la Iglesia e incluso de un pseudo papa que se hace llamar precisamente Clemente XV, al parecer un apóstata francés que erige cardenales y diócesis, y que significa de todos modos una llaga en el espectáculo del desorden romano. ¿Es esta aparición de un pseudo Clemente XV un anticipado desprestigio que sale de las logias esotéricas, de las logias judeo-jesuitas, o es mera irreverencia, burla y menosprecio?
La situación de la Iglesia por otro lado, descripta con caracteres en el libro del P. LOUIS BOUYER, La décomposición du catholicisme, París, 1968, no presenta alternativa que un ejercicio de la sabiduría y la autoridad en coherencia con la Tradición. Tal fue precisamente el carácter de CLEMENTE XIV, en la cúspide del racionalismo iluminista, en el asomo de la gran erosión de la Iglesia por las fuerzas combinadas de todas las logias, en el comienzo de la revolución moderna. Desde este punto de vista sigue abierta la gran cuestión que planta aquel pontificado de la segunda mitad del siglo XVIII, a saber: ¿la abolición de la Compañía de Jesús favoreció o retardó la ruta y el ritmo de la revolución anti-crística, en qué sentido debe entenderse la negativa o la afirmativa?
Hemos analizado estas cuestiones en incontables y memorables diálogos de la Hostería, junto al fervor de su vino en muchas tardes y días no lejanos. Fruto de esa labor esclarecedora fue la edición del Breve Dominus ac Redemptor, de cuyo texto y significación ningún argentino se ha ocupado, menos entre “nacionales”. Fuera de Argentina sí, en Chile por ejemplo. Incluso los jesuitas de la revista Mensaje, que han destilado el característico insulto de su sinagoga.
Sin repetir pues – ya que no es éste el lugar apropiado – la documentación y los argumentos que pueden estudiarse en la edición citada (La Plata, 1966) es preciso subrayar en este segundo centenario dos premisas fundamentales. La primera se enuncia así: la Compañía de Jesús dirige la revolución moderna, no desde el instante de su alianza con poderes y sectas revolucionarias de la Iglesia y del mundo occidental. Esa conducción tiene tres etapas: 1) anulación del nexo con la Tradición fontal de los Padres y con carácter mistagógico de la Fe crística; 2) rabinización o judaización de la Iglesia en su teología, su moral, su doctrina, su culto, etc.; 3) alianza ostensible con el mundo moderno en un intento de cambiar definitivamente la fisonomía de la Iglesia. Estamos en el desarrollo virulento y violento de la tercera etapa, y sus horizontes preludian al parecer la manifestación del verdadero espíritu de la Compañía de Jesús, ministerio de la sinarquía esotérica. La segunda premisa se formula del siguiente modo: el intento de CLEMENTE XIV, fue recuperar, positivamente, la vigencia de la más alta espiritual y de la doctrina más segura, y en este sentido se parece en algunos rasgos a SAN PÍO X. Y por otro lado, su intento pretendió también promover una renovación de los vínculos entre los dos poderes, sin la presencia de la nefasta Compañía de Jesús, que había corrompido la conducción política de la cristiandad; y en esto se parece a BENEDICTO XIV, uno de sus más clarividentes predecesores. En cuanto a lo primero, lo mismo que PÍO X en tiempos más recientes, fracasó rotundamente; en cuanto a lo segundo, la contumacia y la soberbia jesuítica, su ancestral rabinismo, les permitió capitalizar su exilio aliándose con las potencias revolucionarias, entonces en plena gestación y consolidación. De aquí nade el entrañamiento de la Sociedad de Jesús en la historia moderna y contemporánea, de aquí emerge su fisonomía equívoca y ambivalente, tal como se percibe con mayor claridad en los últimos treinta o cuarenta años. La respuesta a la pregunta anteriormente formulada debe atender en consecuencia a estas dos premisas, pues de otra manera no abarcaría la complejidad que implica el Breve Clementino, el acto de la supuesta “restauración” de una entidad abolida a perpetuidad y la actual ubicación de la Compañía de Jesús, entitativamente falsa, pero de todos modos en la avanzada de la destrucción total de la Iglesia. CLEMENTE XIV sin embardo nos ofrece, junto con BENEDICTO XIV un magnífico motivo de estudio, que debe revertirse a la coyuntura actual conciliarista, ecuménica, anticrística. En esta coyuntura, el rabinismo de la Compañía de Jesús – que le viene como decimos de su pasado más remoto, se transparenta en esta “iglesia monoficista y ecuménica”, cuya instauración intenta consolidar la Societas Jesu con todos los poderes de su organización y con toda la coerción de su vasta influencia en el clero y en la sociedad civil. Ni los Estados ni la Iglesia otra salida, en este sentido, que la que ya se dio en la historia: abolición de la institución, en la línea de CARLOS III y CLEMENTE XIV. En estos dos siglos de dramáticos acontecimientos, la figura del monje GANGANELLI cobra ciertos rasgos proféticos, que difícilmente pueden tolerar los projesuítas; rasgos que nos explican, hasta cierto punto, su muerte, pero que al mismo tiempo nos ilustran sobre las consecuencias tremendas de una llaga que corroe a la Iglesia desde 1774, que se hace cáncer en 1814, y que hoy domina la totalidad del organismo romano. En estas circunstancias tenebrosas, los que guardamos sin embargo la fe en la santidad de la Iglesia esperamos el CLEMENTE XV, que equilibre el curso de la historia, y que haga ostensible el castigo que merecen los corruptores de la cristiandad.
Socialismo y jesuitismo
El socialismo moderno quiere crear la forma laica del jesuitismo: cada individuo convertido en instrumento incondicional. Pero el fin, el para qué, todavía no se ha descubierto. F. Nietzsche, O. Comp. Vol. IX, pág, 28. Ed. Aguilar, Madrid.
“El destino del hombre en la tierra esta descripto por el verbo latino tueri. ¿Qué significa tueor? Afirma que tiene dos acepciones fundamentales:
“Cuando se ha perdido la religión, nada queda a los pueblos para vivir en sociedad, ni escudo para defenderse, ni medio para aconsejarse, ni planta para agarrarse, ni forma para existir en el mundo”.
JUAN BAUTISTA VICO
(Extractado de: revista Hostería Volante, Año XI, nº 23, mayo de 1969, La Plata. El Bodeguero, p. 1 a 3).
Monseñor Lefebvre señala que: «Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva Iglesia que ellos laman por otra parte “Iglesia Conciliar”.
Por Basilio Méramo, Pbro.
Acabo de recibir, el 7 de abril, en mano propia, como era de esperar, ateniéndose a la lógica consecuencia de las cosas, después de dos amonestaciones canónicas, la notificación de mi expulsión, que es desde luego injusta e inválida, jurídica y teológicamente considerada, pues las moniciones eran de suyo inconsistentes siendo así repelidas inmediatamente, como consta en mis dos cartas en respuesta a las mismas.
De todos modos apelo a Roma Eterna interponiendo recurso contra el decreto de mi expulsión, a tenor del derecho canónico (canon 647 § 2 n° 4), lo cual tiene efecto suspensivo y así, jurídicamente la expulsión queda en suspenso, sin efecto jurídico, hasta tanto el recurso esté pendiente, y esto de modo indefinido, pues la Roma Eterna está hoy invadida por indignos prelados que no cumplen con su deber, ex officio, confirmando a los fieles en la fe, sino que hacen todo lo contrario, para corromper, prostituir la fe, el culto y la moral, violando la verdad, cuyo imperio detestan, cual anticristos; y esto para colmo, como si fueran Dios, es decir, en el nombre de Dios, de la santa obediencia a la autoridad y a la jerarquía de la Iglesia.
Habrase visto mayor abominación y desolación en lugar santo, haciéndose además adorar como si fueran Dios, invocando la potestad divina, la cual pervierten e invierten. Y por esto Monseñor Lefebvre dijo que «Roma está ocupada por anticristos» en su declaración del 30 de junio de 1988. Y por irónico que suene el asunto queda como quien dice, pendiente hasta la Parusía de Cristo.
No obstante me toca soportar (sufrir) con paciencia e integridad la injuria recibida, permaneciendo firme en el combate frontal, como sacerdote católico, apostólico y romano, permaneciendo firme contra el modernismo de Roma anticristo, como una vez más Monseñor Lefebvre designa en la misma declaración mencionada a la Roma modernista y liberal que persigue a muerte la sacrosanta e infalible Tradición Católica, ante la cual hoy Usted junto con toda la cúpula directiva de la Fraternidad y los otros tres obispos de la misma, impune y cobardemente claudican entregándonos bajo apariencia de bien en los brazos del “magnánimo y paternal” Benedicto XVI que ha logrado seducirlos con hábil y sutil manipulación haciéndolos caer en la trampa.
Ahora, si Usted me lo permite, paso a hacer el descargo, de sus fulminantes (aunque absurdas) acusaciones, al menos de las más relevantes y graves, dado el contexto teológico-doctrinal del problema. Se me acusa de falsas y graves acusaciones contra el Superior General, de daño grave por asumir una posición contraria, obstinación, rebelión contra la autoridad, escándalo, etc.
Quisiera saber, estimado y reverendísimo Monseñor, cuáles son las acusaciones falsas contra Usted, graves sí, pero falsas no, si hay falsedad no es precisa y justamente de mi parte, sino (y perdóneme) Usted, de la suya, dado que tiene un doble lenguaje, desde hace mucho tiempo y no es porque Usted sea bilingüe, sino por su gran dilema, como llevarnos a un acuerdo sin que se note la traición, encubierta bajo una falsa apariencia de bien.
Cómo es posible aceptar, lo que Usted mismo dijo hace ocho años, (en una entrevista al diario valesano La Liberté, el 11 de mayo de 2001, y publicada en DICI n° 8, el 18 de mayo del mismo año): «que nosotros guardamos en un 95% el Concilio Vaticano II», sin ser liberal y modernista; cuando hasta los mismos liberales y modernistas reconocen que el Concilio Vaticano II fue, como dice el Cardenal Suenens: «El Concilio es 1789 en la Iglesia», es decir, la Revolución Francesa de 1789 dentro de la misma Iglesia, o también como afirmó el entonces Cardenal Ratzinger y hoy Benedicto XVI: «El problema del Concilio fue asimilar los valores de dos siglos de cultura liberal» (Le destronaron, Monseñor Marcel Lefebvre, en la introducción).
Luego es claro y evidente que cualquiera que guarde o acepte el Concilio Vaticano II en un 95% acepta en un 95% la Revolución Francesa dentro de la Iglesia, que asimila dos siglos de cultura liberal en la Iglesia. Un 95% es un porcentaje altísimo estadística o matemáticamente considerado.
Entonces la gran pregunta es ¿que nos quiere decir? ¿qué pretende hacernos creer?, al decir que van a dialogar o a discutir con Roma doctrinalmente, ¿qué van a discutir, el 5% que resta? Esto sólo prueba fehacientemente la parodia, el engaño, la mentira y la falsedad objetivamente hablando, y esto por etapas con gran aparato de seriedad, mientras que de hecho todo se pudre aceleradamente más.
Por si fuera poco, qué queda de la Fraternidad, de la resistencia ante el modernismo si se guarda, tiene, mantiene o acepta el 95% del nefasto y atípico Concilio Vaticano II, adogmático y por lo mismo, absurdo, como el concebir un círculo cuadrado o un triángulo bilátero, un matrimonio católico no indisoluble, pues como hace ver el teólogo dominico Marín Solá (sucesor en la cátedra del eminente teólogo tomista en Friburgo, el Padre Norberto del Prado): «Está revelado que “todo Concilio ecuménico es infalible”, o lo que es lo mismo, está revelado que “todo Concilio es infalible si es ecuménico”.» (La Evolución Homogénea del Dogma Católica, Marín Sola, ed. BAC, Madrid 1963, p. 435); libro elogiado en 1923 cuando apareció por el Cardenal Merry del Val, quien fue Secretario de Estado de San Pío X, para combatir la herejía modernista que pretendía una evolución transformista y heterodoxa del dogma católico, tal cual hoy la concibe Benedicto XVI cuando dijo siendo Cardenal que «pone en duda que haya un magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia» que «ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de Fe, dogmas en consecuencia, se acabaron los dogmas en la Iglesia, esto es radical. Evidentemente esto es herético, está claro, es horroroso, pero es así». Tal como lo aseveró Monseñor Lefevbre en una de sus últimas conferencias espirituales en Ecône del 8 y 9 de febrero de 1991, pues murió el 25 de marzo de 1991.
Pero claro, ahora es según Usted “magnánimo”, “valiente”, “paternal”, le inspira confianza, es conservador, y aún criticado por el ultraprogresismo como favorable a la Tradición, en resumen casi un tradicionalista ante el cual Usted va a Roma «casi corriendo» y lo admira con ingenua sonrisa como se puede apreciar en algunas fotografías en una de sus entrevistas, donde aparece también el Cardenal Castrillón Hoyos y que adjunto para más pruebas de su inopinado y comprometido proceder.
Monseñor Lefebvre denuncia un pacto de no agresión entre la Iglesia y la masonería, y Usted está dispuesto a pactar con él. «Un pacto de no agresión ha sido concertado entre la Iglesia y la masonería», A esto se lo ha encubierto con el nombre de «aggiornamento» de «apertura al mundo», de «ecumenismo». (Un Évèque Parle, p. 97). «En adelante, la Iglesia acepta no ser ya la única religión verdadera, único camino de salvación eterna». (Ibid. p. 97).
Por esto, el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, llega a reconocer a las otras falsas religiones como un camino o vías extraordinarias de salvación como se puede apreciar en este texto de corte conservador pero profundamente y solapadamente herético: «…se ha llegado a poner un énfasis excesivo en los valores de las religiones no cristianas, que algún teólogo llega a presentar no como vías extraordinarias de salvación, sino incluso como caminos ordinarios». (Informe sobre la Fe, Ed. BAC Popular, Madrid 1985, p. 220 última página).
Por si fuera poco, Monseñor Lefebvre señala que: «Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva Iglesia que ellos laman por otra parte “Iglesia Conciliar”.» (Ibid. p. 97).
Monseñor Lefebvre afirma que es un Concilio cismático, y Usted guarda el 95%, es decir que es cismático en un 95%, magnífico nivel, citemos el texto: «Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la crítica interna y externa de Vaticano II, es decir analizando los textos y estudiando los pormenores de este Concilio, que éste, al dar la espalda a la Tradición y al romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga el árbol por sus frutos.» (Ibid. p. 97). Así tenemos paradójica y absurdamente que Usted acepta el 95% de la Nueva Iglesia postconciliar, cismática y apóstata, por lo cual, tendríamos en Usted, a un cismático y apóstata en un 95% (no está mal el porcentaje), que dice ser el fiel y digno sucesor de Monseñor Lefebvre, si esto no es una falsedad y una traición ¿dígaseme qué es?
Monseñor Lefebvre considera que: «Todos los que cooperan en la aplicación de este trastrocamiento, aceptan y adhieren a esta nueva “Iglesia conciliar”… entran en el cisma» (Ibid. p. 98). Y Usted hoy pretende obtener un acuerdo con esta nueva Iglesia conciliar cismática.
Por si fuera poco, Usted pretende un reconocimiento oficial o regularización de la Fraternidad con Roma modernista y su ecumenismo apóstata, tal como lo señaló Monseñor Lefebvre: «Los que estiman un deber minimizar estas riquezas e incluso negarlas, no pueden sino condenar a estos dos obispos y así confirman su cisma y su separación de Nuestro Señor y su reino, a causa de su laicismo y su ecumenismo apóstata.» (Itinéraire Spirituel, p.9).
Sí, ecumenismo apóstata, porque eso es, en lenguaje moderno lo que las Escrituras llaman Gran Apostasía, es decir la apostasía universal o ecuménica. Y a esta apostasía ecuménica o ecumenismo apóstata Usted nos quiere acercar. Luego, nos quiere hacer unos adúlteros, cismáticos, puesto que como dijo Monseñor Lefebvre: «Esta apostasía convierte a estos miembros en adúlteros y en cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia, y por lo tanto, con la Iglesia de hoy en la medida en que permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor. Todo lo que sigue siendo fiel a la verdadera Iglesia es objeto de persecuciones salvajes y continuas.» (Ibid. p. 70-71).
En la carta a los Obispos del 10 de marzo de 2009, Benedicto XVI afirma, después de hacer alusión a la “remisión de la excomunión”, como un gesto de bondadosa y paternal misericordia, para invitar al retorno (del hijo pródigo) a los cuatro obispos de la Fraternidad, pero recordando clara y explícitamente que «no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia», puesto que no tienen misión o posición canónica, ya que siguen suspensos a divinis hasta tanto su situación se regularice aceptando, después de las discusiones doctrinales, el Concilio Vaticano II, lo cual expresa en estos términos (mostrando con el dedo la luna llena de la Pascua): «con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. (…) No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año de 1962, lo cual debe quedar claro a la Fraternidad». Con esto se ve cual es el objetivo de Roma modernista y apóstata, y Usted y los otros tres Obispos de la Fraternidad nos dicen que van a Roma para predicar la verdad, para convertirlos, etc. Esto es engañarse y engañarnos a todos estulta e ingenuamente, como el tonto que se queda mirando el dedo cuando le señalan la luna con la mano. Pero para colmo, Usted mismo reconoce casi con las mismas palabras de Benedicto XVI, y en respuesta, que: «Lejos de querer parar la Tradición en 1962, nosotros deseamos considerar el
Concilio Vaticano II y la enseñanza postconciliar» (Carta del 12 de marzo de 2009) con lo cual Usted responde prontamente (dos días después) al mensaje de Benedicto XVI, cuando le señala claramente la luna. Esto sólo muestra y demuestra, y perdóneme Monseñor, su doble lenguaje modernista y liberal, manifestándose su falsedad y traición.
Luego Monseñor, es absurdo e injusto que por resistirle pública y abiertamente a su siniestra política de reintegración en el marco oficial de la Nueva Iglesia conciliar con su ecumenismo cismático y apóstata, Usted se atreva, en el ejercicio abusivo de su autoridad, comprometida y claudicante con los peores y principales enemigos de la Iglesia, expulsarme, acusándome falsa e injuriosamente de rebeldía, insumisión, desobediencia, obstinación, escándalo, sublevación, falto de enmienda, perjudicial o dañino para con el bien común de la Fraternidad, acusaciones todas que muy fácilmente se las puedo endosar y restregárselas en la cara, pero de esto se encargará el Divino Juez cuando venga a juzgar a vivos y a muertos, en él pongo la suerte de mi causa y allí nos veremos, y entre tanto pido por Usted, que Dios lo perdone, porque no sabe lo que hace, ni con la Fraternidad, ni conmigo que me defenestra como a un vil delincuente a la calle, sin recursos, con 55 años (al igual que aconteció con muchos sacerdotes reticentes a las innovaciones en la época del Concilio), y esto después de haber dado todo de mí con total y generosa entrega al servicio de la Fraternidad, a la que pertenecí durante 29 años, dejando todo, renunciando a todo para servir a la Santa Madre Iglesia en la Fraternidad, resistiendo y combatiendo contra el modernismo herético y apóstata, al cual hoy Usted nos conduce suave, dulce, pero seguramente.
Hoy Usted me excluye de la Nueva Fraternidad reciclada a los pies de la Nueva Iglesia conciliar, Nueva Fraternidad y Nueva Iglesia a las cuales jamás pertenecí ni quiero pertenecer nunca, yo seguiré perteneciendo a la verdadera Iglesia y a la verdadera Fraternidad. Usted me expulsa, mejor dicho me excomulga de su Nueva Fraternidad, poco me importa, como poco le importó a Monseñor Lefebvre que lo excomulgaran de la Nueva Iglesia, siendo ello, lejos de un estigma, de una afrenta, una verdadera condecoración inmarcesible y una prueba de su ortodoxia, y no como Ustedes, los cuatro obispos, que avergonzados pedís que se os quite tal afrenta ante los ojos del mundo, no queriendo seguir soportando la Cruz, considerándola ignominiosa, como sí Cristo hubiera bajado de la Cruz (instrumento de máximo oprobio y sufrimiento), pero no lo hizo, prefirió morir crucificado, vejado, escupido, azotado y despojado de su vestimenta y por todos abandonado, para fundar su divina Iglesia entregándole el testamento de su Sangre derramada sobre la Cruz. Y este testamento firmado con su divina sangre, su cuerpo todo inmolado, es la Santa Misa, que hoy Usted de algún modo desconoce como única y exclusiva, al aceptar la Nueva Misa espuria y bastarda (como la llamó Monseñor Lefebvre al igual que a todos los nuevos sacramentos y a los sacerdotes) como rito principal (ordinario) y legítimo mientras que la Misa Tridentina pasa a ser un rito ocasional (extraordinario) en la Nueva Iglesia, que es (o será) la sede del Anticristo - Pseudoprofeta, pues como dijo Nuestra Señora en la Salette: «Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo». El que tenga ojos que vea, y el que tenga oídos que oiga.
Por irónico que parezca, pero así son las cosas, Usted hoy me decapita, sin quizás recordarse que gracias a mí, Usted aceptó el cargo de Superior General, dada mi intervención en el Capítulo General de 1994, impidiendo así la reelección del Padre Schmidberger, que desde dos años antes comenzó a disponerlo todo para ser reelegido y que casi lo logra, pues sorpresivamente Usted fue el elegido, en contra de sus planes, y que gracias a mi intervención al levantar mi voz para decirle que aceptara el cargo como una cruz, a imagen de San Pío X, que aceptó con pesar y hasta con lágrimas el ser elegido milagrosamente en el cónclave, y así Usted después de retirarse unos momentos a solas con el Padre Schmidberger en la habitación contigua (sala de grabaciones), a lo cual me opuse levantándome en medio de la concurrencia impávida y muda de los asistentes, incluidos los otros tres obispos, para dirigirme al Padre Aulagnier, el entonces superior de Francia, y pedirle que interviniera impidiendo estos secretos, pero sin obtener ningún resultado; y así Usted al retornar a la gran sala aceptó su elección, concluido el breve entendimiento con el Padre Schmidberger.
Y para colmo de ironías después de saber esto, viendo como me trata (maltrato) algún ladino (cual abogado del diablo) podrá decir: «así paga el diablo a quien bien le sirve».
Todo este drama apocalíptico que vive la Iglesia está contenido proféticamente en toda la liturgia de la Cuaresma, de manera espacialísima y solemne en la Semana Santa y el Triduo Sacro que nos muestra la Iglesia desolada, el altar desmantelado y el tabernáculo vacío, clara imagen de lo acontecido no sólo hace 2000 años con la Pasión y muerte de Cristo en la Cruz, sino también de lo que sucedería a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo al fin de los últimos tiempos apocalípticos, antes de su gloriosa Parusía, que todos debemos esperar y que pedimos incesantemente quizás muchas veces sin darnos cuenta al pedir en el Padrenuestro, venga nos el tu reino (adveniat regnum tuum), o como dice también San Juan Evangelista al finalizar el libro del Apocalipsis: Ven Señor Jesús, Maranatá.
Que Dios lo perdone, Monseñor, con todo su Capítulo, que cual concilio sanedrita me condena y excluye, recordándome lo que hiciera con Nuestro Señor Jesucristo quien fuera el pueblo elegido, pero después corrompido, resonando en mis oídos las palabras de la liturgia: «Dijeron los impíos oprimamos al varón justo porque es contrario a nuestras obras.» (5ª antífona de Laudes de Martes Santo). Pero también vienen a mi mente las reconfortantes palabras del Profeta: «El Señor Dios es mi protector, por eso no seré avergonzado; y así he presentado mi rostro como una piedra durísima, y sé que no quedaré confundido». (Is. 50, 7).
Así pues no quedándome otra alternativa que la de callar y claudicar en el vil silencio ante lo que veo, o la de hablar claro y firmemente al precio de la exclusión, he cumplido con mi deber sacerdotal sin traicionar a Dios ni a mi conciencia. Ahora no me queda sino deambular con la cabeza entre las manos cual aconteció a San Dionisio cuando le decapitaron, antes de caer y morir.
Me despido de Usted en este patético y significativo Triduo Sacro de la solemne Semana Mayor, lleno de profética alusión a lo que acontecería con la Iglesia en los últimos tiempos apocalípticos, pero que es el necesario preludio para la futura y gloriosa Pascua de Resurrección.
Basilio Méramo Pbro. Orizaba, Jueves Santo, 9 de abril de 2009
Vale la pena observar -y soportar con calma- unos pocos minutos de este video que constituye un elocuente, grosero, desembozado y repulsivo ejemplo de prédica pro-comunista realizada por un sacerdote llamado Adolfo ROJAS JIMÉNEZ.
Este cura, en 1970, fundó la parroquia universitaria Santa Sofía de la Universidad Católica de Los Andes y, desde 1974, es docente de aula.
En medio de la propuesta de aplausos a Chávez y loas al denominado “Socialismo del siglo XXI”, este “cura-rojo” recomienda la lectura del Manifiesto Comunista. Además, justifica los atropellos del castrochavismo, especialmente las medidas confiscatorias y liberticidas y termina proponiendo, con gran énfasis, apoderarse de los medios de producción.
Ante esta barbaridad, ¿qué supone usted que ha hecho o hará la jerarquía eclesiástica?
Algo es clarísimo para incluir en la respuesta: el cura sigue actuando y haciendo enorme daño a las almas y ello ocurre porque la jerarquía se lo permite aunque hagan alguna tibia declaración de lamento o rechazo. Tales declaraciones, muy fraternales, caritativas, melosas y ambiguas referidas a sacerdotes como éste, están destinadas a contener, debilitar y ahogar la reacción de indignación que produce en los fieles católicos -y también en los no católicos- este tipo de curas perversos.
Cuando la reacción sana de la opinión pública es muy grande, entonces, a lo sumo, lo cambian de ciudad y el “cura rojo” seguirá su misma prédica nociva ante otros auditorios. Es decir, seguirá envenenando más y más almas en otras ciudades.
Ya se anunció que, próximamente, este sacerdote será condecorado con la "Orden de El Libertador" y le entregarán una réplica de la espada de Bolívar.
Para nadie es novedad que, desgraciadamente, existen muchos sacerdotes como éste -y, también, no pocos obispos- en los diversos países. La finalidad de esos “curas y obispos rojos” es favorecer la izquierdización y neutralizar las reacciones de oposición al marxismo.
Pero, cuidado: los más abundantes, los más peligrosos, los más eficaces y más nocivos -inclusive en estas latitudes- son los sacerdotes y obispos que fingen moderación y no escandalizan a los fieles como este cura del video. Evitando mayores reacciones, los “moderados” terminan diciendo algo análogo a los “curas rojos” más salvajemente radicales, pero encubiertos tras un maquillaje de filantropía y pseudo caridad cristiana.
Los “moderados” dicen que la experiencia chilena y venezolana muestran la conveniencia de avanzar lenta y gradualmente en las “transformaciones”, para evitar reacciones que puedan frenar y revertir el proceso revolucionario. Esa “moderación” los lleva a preferir evitar presentarse, ante el gran público, en forma franca y cruda y optan por ir soltando en pequeñas dosis la misma doctrina perversa que los radicales postulan en forma directa y brutal.
Las “discrepancias” con los radicales es táctica y se reduce a la velocidad y profundidad que conviene imprimir a los cambios. En suma: radicales y moderados coinciden en cuanto a los fines últimos (instaurar una sociedad socialista en la que el Estado sea el único propietario de medios de producción, además de único educador, único empleador y único informador).
Intoxicados con la teoría marxista y seguidores de Gramsci, en el marco de la denominada “Teología de la Liberación”, se proponen:
- intensificar las acciones de propaganda, de control y de intimidación
- dominar (¿todavía más?) los medios de comunicación masiva
- asegurar el adoctrinamiento de los más jóvenes desde la más temprana edad.
Por nuestra parte, reafirmamos la absoluta incompatibilidad entre cristianismo y marxismo. Usted puede leer el desarrollo de la argumentación que demuestra la veracidad de esta aseveración en el artículo adjunto.
Sugerimos que dedique unos pocos minutos a ver con toda atención este video:
La prédica de la llamada “izquierda católica” encaja perfectamente en la acción psicopolítica del marxismo y contribuye a sus propósitos. En efecto, cubierto con un maquillaje de pretendida caridad y de solidaridad cristianas, viene a sumarse a la maniobra liberticida de estatización. La deformación venenosa se agiganta cuando a esto se suma la interpretación de lo que se dio en llamar la “opción preferencial por los pobres”. Así, el odio de clases y el afán confiscatorio quedarían legitimados con una especie de barniz cristiano.
INCOMPATIBILIDAD ENTRE MARXISMO y CRISTIANISMO
Por el Prof. Alexander TORRES MEGA
Hasta el observador menos informado sabe que, desde hace décadas, la militancia marxista cuenta con la eficaz colaboración de la denominada “izquierda ‘católica’(?)” que es indiscutiblemente de izquierda (marxista o filo-marxista) pero NO auténticamente católica.
La denominada "Teología de la Liberación" contaminó ideológicamente a no pocas "comunidades de base", "grupos de reflexión", etc. y muchos sacerdotes, junto a algunos obispos, se han sumado al bando marxista.
Inclusive debe recordarse, por su gravedad, a aquellos religiosos que han fundado o se han integrado a organizaciones guerrilleras.
Son muchos más los supuestos moderados que vienen colaborando con el marxismo aunque en forma sutil y más o menos encubierta.
La verdad que reafirmamos es que existe absoluta incompatibilidad entre marxismo y cristianismo.
Con ininterrumpida continuidad, el magisterio eclesiástico ha condenado al marxileninismo. Recuérdese, por ejemplo, la contundencia con que el Papa Pío XI, a través de su Encíclica "Divini Redemptoris" (y también en "Quadragesimo Anno") sostuvo que "el comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana".
Hoy, más que antes, importa escuchar esa voz clara y firme: "el primer peligro, el más grande, el más general, es ciertamente el comunismo bajo todas sus formas y en todos sus grados..."
Muy saludable resulta, también, recordar el mensaje siempre vigente de un obispo compatriota, Mons. Antonio Corso, modelo de fidelidad a la doctrina perenne de la Iglesia. Él denunció los métodos y los fines pérfidos de la secta materialista y atea, al tiempo que alertó para que la denominación de "cristiano", con que se autocalifican ciertos sectores que cobijan al comunismo, NO confundiera a quienes quieren ser auténticos en su fe. Los fabricantes del error se ocultan dentro de la misma Iglesia -advertía- y "en boca del comunismo hasta la misma verdad se convierte en mentira".
Católicos y no católicos supieron reconocer en los mensajes de quien fuera Obispo de Maldonado y Punta del Este un ejemplo de energía y ortodoxia en defensa de la verdad. El esclarecedor mensaje de Mons. Corso llegó como antídoto frente a la confusión que reinó en instancias previas a elecciones nacionales. Recurrió en forma ordenada a los textos pontificios y mostró, prolijamente, la continuidad del magisterio eclesiástico en la condena del comunismo y en la prohibición de cualquier forma de colaboración con él.
Demostrada la total incompatibilidad entre la doctrina católica y el comunismo, éste es inaceptable para el cristiano. Por ello, con indudable acierto, en víspera de elecciones, afirmó que los "confesos adherentes del marxismo deben ser descartados sin hesitación".-
Prof. Alexander TORRES MEGA
El socialismo es incompatible con la doctrina católica por su concepción del universo y del hombre, porque alcanza y afecta a dos instituciones que son pilares de la civilización cristiana: el derecho de propiedad y la familia.
Precisamente, por el hecho de ser hostil a la propiedad y a la familia, el socialismo es incompatible con la doctrina católica, inclusive aunque no tuviese una concepción errónea del universo y del hombre.
Numerosos textos pontificios contra el socialismo
Antes de transcribir algunos de esos documentos, conviene distinguir entre los diversos sentidos que viene recibiendo el término "socialismo".
Hoy, dicho vocablo tiene aplicaciones variadas que van desde el rojo intenso del "socialismo marxista" hasta el rosado diluido del "socialismo cristiano" o "católico". No es raro encontrar, utilizando el rótulo socialista para sus ideas, a comunistas declarados y a izquierdistas moderados, así como también a burgueses que, sin adoptar una posición política claramente definida, se muestran con gran sensibilidad humanitaria un tanto coloreada de influencia cristiana.
A toda esta variada gama de socialistas, hay que recordarle o mostrarle que el socialismo está condenado por la Iglesia.
a) Los Papas condenan el socialismo: Textos Pontificios esclarecedores
El socialismo comenzó a tener una importancia particular desde el pontificado de Pío IX (1846-1878). Comenzamos con un texto de este Papa.
Pío IX, "Noscitis et Nobiscum", 1849
Trastorno absoluto de todo orden humano.
"... los principales autores de esta tan abominable intriga, no se proponen otra cosa que impulsar a los pueblos, agitados ya por toda clase de vientos de perversidad, al trastorno absoluto de todo orden humano de las cosas, ya entregarlos a los criminales sistemas del nuevo Socialismo y Comunismo" (1) .
León XIII, "Quod Apostolici Muneris", 1878
León XIII, su sucesor (1878-1903), es recordado por haberse ocupado de “la cuestión social”, y por el afecto paterno que manifestó a los obreros. Erróneamente, llegó a decirse que este Papa puso las bases del llamado “socialismo cristiano”. Grave y flagrante yerro: en los documentos de León XIII, el socialismo es objeto de condenaciones frecuentes e incisivas. Veamos algunas:
Secta destructora de la sociedad civil
"...aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coaligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, 'mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad' (Jdt. epist. v. 8)" (4).
Secta pestífera.
"A todos, finalmente, es manifiesto con cuán graves palabras y cuánta firmeza y constancia de ánimo nuestro glorioso predecesor Pío IX, de f. m., ha combatido, ya en diversas alocuciones tenidas, ya en encíclicas dadas a los Obispos de todo el orbe, contra los inicuos intentos de las sectas, y señaladamente contra la peste del socialismo, que ya estaba naciendo de ellas" (5) .
"Secta abominable:"
"Poned, además, sumo cuidado en que los hijos de la Iglesia católica no den su nombre a la abominable secta ni le hagan favor bajo ningún pretexto" (7).
Planta siniestra
..."la Iglesia del Dios vivo, que es ‘columna y fundamento de la verdad’ (1 Tim. 2, 15), enseña aquellas doctrinas y preceptos con que se atiende de modo conveniente al bienestar y vida tranquila de la sociedad y se arranca de raíz la planta siniestra del socialismo" (10).
Mortal pestilencia
"Los comunistas, los socialistas y los nihilistas son una ‘mortal pestilencia’ que serpentea por las más intimas entrañas de la sociedad humana y la conduce al peligro extremo de ruina" (11).
Negación de las leyes humanas y divinas.
"Los socialistas, los comunistas y los nihilistas... nada dejan intacto o íntegro de lo que por las leyes humanas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida" (12).
El socialismo diverge diametralmente de la Religión Católica
"...aunque los socialistas, abusando del mismo Evangelio para engañar más fácilmente a los incautos, acostumbran a forzarlo adaptándolo a sus intenciones, con todo hay tan grande diferencia entre sus perversos dogmas y la purísima doctrina de Cristo, que no puede ser mayor. Porque, ¿qué participación puede haber de la justicia con la iniquidad, o qué consorcio de la luz con las tinieblas?". (13)
León XIII, "Diuturnum lllud", 1881
"Mal horrendo"
"...Comunismo, Socialismo y Nihilismo, horrendos males y casi muerte de la sociedad civil" (2).
León XIII,"Humanum Genus", 1884
"Ruina de todas las cosas"
"Porque suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aun precisamente esta ruina y trastorno es lo que, a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas." (3).
León XIII, "Libertas Praestantíssimum", 1888
Turba demoledora.
"...los socialistas y otras turbas de sediciosos, que porfiadamente maquinan por conmover hasta en sus cimientos las naciones" (6).
León XIII, "Graves de Communi", 1901
Socialismo, enemigo de la sociedad y de la Religión
"...tenemos necesidad de corazones audaces y de fuerzas unidas, en una época en que la mies de dolores que se desenvuelve ante nuestros ojos es demasiado vasta, y en que se van acumulando sobre nuestras cabezas formidables peligros de perturbaciones ruinosas, en razón, principalmente, del poder creciente del socialismo. Esos socialistas se insinúan hábilmente en el corazón de la sociedad. En las tinieblas de sus reuniones secretas, a la luz del día, con la palabra y con la pluma, incitan a las muchedumbres a la sedición; rechazada la disciplina de la religión, descuidan los deberes, exaltando solamente los derechos, y atraen a las multitudes de necesitados, día a día más numerosos que, por causa de las dificultades de la vida, son más fácilmente seducidos y arrastrados al error. Se trata al mismo tiempo de la sociedad y de la Religión. Todos los buenos ciudadanos deben tomar a pecho salvaguardar una y otra con honra." (8)
Peligro para los bienes materiales, la moral y la Religión
"...era de Nuestro deber, advertir públicamente a los católicos sobre el grave error que se oculta bajo las teorías del socialismo y del gran peligro que de ahí resulta, no solo para los bienes exteriores de la vida, sino también para la integridad de las costumbres y para la Religión." (9).
b) Las condenaciones pontificias no abarcan solamente al socialismo radical
Pero, desde León XIII hasta nuestros días la palabra "socialismo" se fue extendiendo paulatinamente, llegando a abarcar sistemas que tienen algo de afinidad con el socialismo que llamaríamos "pleno", pero que son, sin embargo, distintos a él en alguna forma. Hay, por ejemplo, escuelas socialistas que procuran confinarse en el campo social y económico absteniéndose de cualquier presupuesto religioso o filosófico. Estas escuelas tienen presentes solamente los problemas de la producción y el consumo, afectando dar a sus adeptos la mayor libertad de opinión en lo demás. Sin embargo, en realidad, también este socialismo es incompatible con la doctrina católica, pues, aparentando no tomar posición filosófica o religiosa, responde a una concepción materialista pretendiendo organizar la sociedad y la economía como si en el mundo nada existiera fuera de la materia.
Socialismo “moderado”
Hay otras escuelas que también se titulan socialistas pero que difieren en dos aspectos del socialismo tal como éste se presentaba en tiempo de Pío IX y León XIII:
1. En cuanto a sus objetivos, no pretenden una socialización (*) completa sino sólo de algunos campos de actividad;
2. En cuanto a los métodos, no desean transformaciones sociales bruscas y violentas, sino graduales y pacíficas.
Estas escuelas o corrientes, comparadas con el socialismo radical y absoluto, con el socialismo marxista, por ejemplo, muestran un aspecto atenuado, pero, igualmente, también ellas son inconciliables con la doctrina católica.
Las reformas propuestas por estos “moderados” no confiesan pretender la abolición total de la iniciativa privada y de la propiedad particular, sino que dicen querer solo la limitación de una y otra, en medida incompatible con la naturaleza del hombre (15).
Socialismo "católico"
Igual censura se puede hacer a la variante socialista de carácter distribucionista y rótulo cristiano, que considera la sociedad como el fin del hombre. De conformidad con esta escuela, toda producción que excediera de las necesidades de cada familia, en lugar de formar el patrimonio familiar, debería destinarse a la colectividad. Como se ve, para este sistema, la familia solamente debiera atender a la subsistencia; error que impide economizar, pues el superávit de esa producción sería patrimonio del colectivo. Este sistema socializa la producción.
De una manera general, los socialistas llamados católicos o cristianos, aceptan la disociación entre los fundamentos filosóficos del socialismo y sus aspectos económicos y sociales. Rechazan aquellos y admiten éstos, por lo menos en cierta medida, y fiados en que la victoria de un socialismo moderado no acarree persecuciones a la Religión, anhelan la llegada de un régimen socialista y cristiano. Con lo que anteriormente dijimos, los errores de este sistema ya quedaron señalados (16).
Para esclarecer especialmente a los católicos, importa la condena de las escuelas socialistas "moderadas", "cristianas" o "católicas". En la Encíclica "Quadragesimo Anno", Pío XI enuncia, con toda claridad, el problema que surge de la pluralidad de sentidos que, después de León XIII, fue tomando la palabra "socialismo".
Pío XI, "Quadragesimo Anno", 1931
La bifurcación del socialismo
Historiando la evolución del término "socialismo", escribe el Papa: "No menos profunda que la del régimen económico es la transformación que desde León XIII ha sufrido el socialismo, con quien principalmente tuvo que luchar Nuestro Antecesor. Entonces, podía considerarse todavía sensiblemente único, con una doctrina definida y bien sistematizada; pero luego se ha dividido principalmente en dos partes, casi siempre contrarias y llenas de odio mutuo, sin que ninguna de las dos reniegue del fundamento anticristiano, propio del socialismo" (17) .
El comunismo
"Una parte del socialismo sufrió un cambio semejante al que indicábamos antes respecto a la economía capitalista, y dio en el comunismo. Enseña y pretende, no oculta y disimuladamente, sino clara y abiertamente, y por todos los medios, aun los más violentos, dos cosas: la lucha de clases encarnizada y la desaparición completa de la propiedad privada". (18).
El socialismo moderado
Después de varias consideraciones sobre el comunismo, el Pontífice prosigue hablando de la facción moderada del socialismo: "La parte que se ha quedado con el nombre de socialismo es ciertamente más moderada, pues no sólo profesa que ha de suprimirse toda violencia, sino que, aun sin rechazar la lucha de clases y la abolición de la propiedad privada, las suaviza y modera de alguna manera. Diríase que, aterrado por sus principios y por las consecuencias que se siguen del comunismo, el socialismo se inclina, y en cierto modo avanza, hacia las verdades que la tradición cristiana ha enseñado siempre solemnemente, pues no se puede negar que sus peticiones se acercan, muchas veces, a las de quienes desean reformar la sociedad conforme a los principios cristianos.
La lucha de clases, sin enemistades y odios mutuos, poco a poco se transforma en una especie de discusión honesta, fundada en el amor a la justicia; ciertamente, no es aquella bienaventurada paz social que todos deseamos, pero puede y debe ser el principio de donde se llegue a la mutua cooperación de las profesiones. La misma guerra a la propiedad privada se restringe cada vez más y se suaviza de tal modo que, al fin, ya no es la posesión misma de los medios de producción, sino cierto predominio social que, contra todo derecho, se ha tomado y arrogado la propiedad…
Estos deseos y postulados justos nada contienen contrario a la verdad cristiana, ni tampoco son, en verdad, reivindicaciones propias del socialismo. Por tanto, quienes solamente pretendan eso, no tienen por qué agregarse al socialismo (19)."
Falsa conciliación
"Pero no vaya alguno a creer que los partidos o grupos socialistas, que no son comunistas, se contenten todos, de hecho o de palabra, con eso sólo. Los más llegan a suavizar en alguna manera la lucha de clases o la abolición de la propiedad, no a rechazarlas.
Ahora bien: esta mitigación, y como olvido de los falsos principios, hace surgir, o mejor, a algunos les ha hecho plantear indebidamente esta cuestión; la conveniencia de suavizar o atemperar los principios de la verdad cristiana, para salir al paso del socialismo y convenir con él en un camino intermedio. Hay quienes se ilusionan con la aparente esperanza de que así vendrán a nosotros los socialistas. ¡Vana esperanza! Los que quieran ser apóstoles entre los socialistas, deben confesar abierta y sinceramente la verdad cristiana plena e íntegra, sin connivencias de ninguna clase con el error.
Procuren primeramente, si quieren ser verdaderos anunciadores del Evangelio, demostrar a los socialistas que sus postulados, en lo que tienen de justos, se defienden con mucha mayor fuerza desde el campo de los principios de la fe cristiana y se promueven más eficazmente por la fuerza de la caridad cristiana (20).
Una quimera: el bautismo del socialismo
"Pero, ¿qué decir en el caso de que el socialismo de tal manera se modere y se enmiende en lo tocante a la lucha de clases y a la propiedad privada, que no se le pueda ya reprender nada en estos puntos? ¿Acaso con ello abdicó ya de su naturaleza anticristiana? ... El socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico, ya como "acción", si sigue siendo verdaderamente socialismo, aun después de sus concesiones a la verdad y a la justicia en los puntos que hemos hecho mención, es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, porque su manera de concebir la sociedad se opone diametralmente a la verdad cristiana.
Según la doctrina cristiana, el hombre, dotado de naturaleza social, ha sido puesto en la tierra para que, viviendo en sociedad y bajo una autoridad ordenada por Dios (Cfr. Rom. 13, 1) cultive y desarrolle plenamente todas sus facultades para gloria y alabanza de su Creador; y cumpliendo fielmente los deberes de su profesión o de su vocación, sea cual fuere, logre la felicidad temporal y juntamente la eterna. El socialismo, por lo contrario, completamente ignorante y descuidado de tan sublime fin del mundo y de la sociedad, pretende que la sociedad humana no tiene otro fin que el puro bienestar material.
La división ordenada del trabajo es mucho más eficaz para la producción de los bienes que los esfuerzos aislados de los particulares; de ahí deducen los socialistas la necesidad de que la actividad económica (en la cual sólo consideran el fin material) proceda socialmente. Los hombres -dicen ellos- haciendo honor a esta necesidad real, están obligados a entregarse y sujetarse totalmente a la sociedad en orden a la producción de los bienes. Más aún, es tanta la estima que tienen de la posesión del mayor número posible de bienes con qué satisfacer las comodidades de esta vida, que ante ella deben ceder y aun inmolarse los bienes más elevados del hombre, sin exceptuar la misma libertad, en aras de una eficacísima producción de bienes. Piensan que la abundancia de bienes que ha de recibir cada uno en ese sistema para emplearlo a su placer en las comodidades y necesidades de la vida, fácilmente compensa la disminución de la dignidad humana, a la cual se llega en el proceso 'socializado' de la producción. Una sociedad cual la ve el socialismo, por una parte, no puede existir ni concebirse sin el empleo de una gran violencia y, por otra, entroniza una falsa licencia, puesto que en ella no existe verdadera autoridad social; ésta, en efecto, no puede basarse en las ventajas materiales y temporales, sino que procede de Dios, Creador y último fin de todas las cosas (Encíclica Diuturnum)" (21).
“Socialismo cristiano”, una contradicción
Si acaso el socialismo, como todos los errores, pudiere tener una parte de verdad, “el concepto de la sociedad que le es característico y sobre el cual descansa, es inconciliable con el verdadero cristianismo. Socialismo religioso, socialismo cristiano, son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero" (22).
Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 1965
"...Por este motivo hay que calificar de falsas tanto las doctrinas que se oponen a las reformas indispensables en nombre de una falsa libertad como las que sacrifican los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción."(23)
(1) Pío IX, Encíclica "Noscitis et Nobiscum", de 8 de diciembre. de 1849 - "Colección Completa de Encíclicas Pontificias", Editorial Guadalupe, Buenos Aires, pág. 121.
(2) León XIII, Encíclica "Diuturnum lllud", de 29 de junio de 1881 - A.S.S., vol. XIV, pág. 12 (Ex Typogaphia Polyglota S. C. de Propaganda Fide - 1896).
(3) León III, Encíclica "Humanum Genus". de 20 de abril de 1884 - A.S.S., vol. XVI, pág. 428 (Ex Typographia Polyglota S. C. de Propaganda Fide -1906).
(4) León XIII, Encíclica "Quod Apostolici Muneris", de 28 de diciembre de 1878 -A. S. S., vol. XI, pág. 369 (Ex Typographía Polyglota S. C. de Propaganda Fide -1893).
(5) Idem, pág. 371.
(6) León XIII, Encíclica "Libertas Praestantíssimum", de 20 de junio de 1888 -A.S.S., vol. XX, pág. 601 (Ex Typpgraphia Polyglota S. C. de Propaganda Fide - 1887, 1888)
(7) León XIII, Encíclica "Quod Apostolici Muneris", de 28 de diciembre de 1878- A.S.S., vol. XI, pág.376 (Ex Typograph1a Polyglota S. C. de Propaganda Fide - 1893).
(8) León XIII, Encíclica "Graves de Communi", de 18 de enero de 1901 - A. S. S., vol. XXXIII, pág, 393 (Ex Typographia Polyglota S. C. de Propaganda Fide - 1900, 1901).
(9) Idem, p'g. 385.
(10) León XIII, Encíclica "Quod Apostolici Muneris", de 28 de diciembre de 1878 -A. S .S., vol. XI, págs. 371-372 (Ex Typographia Polyglota S. C. de Propaganda Fide -1893).
(11) Idem, pag. 369.
(12) Idem, pag. 369.
(13) Idem, pag. 372.
(*) El término 'socialización' que, al contrario de lo que se ha propagado, no existe en el texto oficial latino de la Encíclica "Mater et Magistra" (Cfr. A.A.S., vol. LIII, Nro 8, pags. 401 a 464) encierra varios sentidos. En algunos de ellos la "socialización" es compatible con la doctrina de la Iglesia; en otros no.
(17) Pío XI. Encíclica "Quadragesimo Anno", de 15 de mayo de 1931 - A.A.S., vol. XXIII, pág. 212.
(18) Idem, pág. 213.
(19) Idem, pág. 213-214.
(20) Idem, pág. 214.
(21) Idem, pág. 215-216.
(22) Idem, pág. 216
(23) Concilio Vaticano Segundo, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, parte II,cap.3, 65.
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Nadie puede defender lo que desconoce ni combatir aquello que ignora.
Debemos aspirar a conocer y defender la verdad y, en consecuencia, a combatir el error que se le opone.
El marxileninismo es un veneno letal para el alma. Para obtener un antídoto eficaz, es preciso conocer el propio veneno que procuramos combatir.
La formación doctrinaria, por encima de la casuística, reviste la mayor trascendencia. Por ello, intentamos formarnos en el plano de las ideas y, desde allí, iluminar el análisis de los hechos para orientar la acción.
Hemos acumulado abundante experiencia en la realización de Seminarios y Círculos de Estudios que han resultado muy fecundos. Reconforta ver que, muchos de quienes han participado en ellos, están actuando hoy -con la mayor convicción- en la primera línea de la resistencia ante la dominación izquierdista en distintas áreas del quehacer nacional.
Ahora renovamos algunos aspectos metodológicos y actualizamos el contenido temático.
A cada participante se entregará la totalidad del material que se proyecta
a través de las transparencias que ilustran cada exposición.
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Nuestra sociedad se encuentra jaqueada por las patotas político-sindicales y bombardeada por la maquinaria propagandística del marxismo.
Amordazada por los ‘mass-media’, entregada a la izquierda por los políticos demagogos, confundida por la aparente moderación de muchos de sus enemigos, la mayoría honesta y silenciosa está desalentada por el derrotismo imperante que pretende presentar la dominación marxista como irreversible.
"FLASHESCulturales" insiste en la necesidad de esclarecer y reafirmar con el mayor énfasis:
• la existencia de derechos individuales que son anteriores y superiores al Estado.
• la necesidad de limitar el poder y la intervención del Estado para rescatar la libre iniciativa individual, hoy coartada por el dirigismo estatizante, masificante y totalitario.
• el rechazo al castrochavismo y a la cubanización “lenta y gradual” pretendida por la izquierda
• la legitimidad de la lucha librada contra el terrorismo subversivo practicado por las organizaciones guerrilleras.
Tanto para acceder al gobierno como para ir consolidándose en él, sin mayores sobresaltos, la izquierda necesita captar la adhesión de quienes se ubican en el centro del espectro político-ideológico. Para ello, modera su prédica, gira discursivamente al centro, ocultando su radicalidad y simulando ser respetuosa de derechos y libertades.
Pese a que la mitad de la población resistió las maniobras propagandísticas del marxismo y rechazó a la izquierda en las urnas, gracias a una muy pequeña y cuestionable diferencia de votos, hoy tenemos instalado un gobierno que, maniobrando demagógica e hipócritamente, procura ir haciendo gradual y progresivamente más nítido su signo dirigista, socialista y autoritario.
La oscuridad de la noche empezó a caer. Es previsible que pronto sea mucho más espesa. Debemos contribuir para que un nuevo amanecer llegue cuanto antes. Para ello hay que influir en los diversos sectores de la denominada "opinión pública" y actuar -siempre dentro del marco jurídico vigente- para encauzar a los segmentos sanos de la población por la senda de la
R E S I S T E N C I A
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Este Domingo se llama de Quasimodo primeras palabras del Introibo, o in albis, porque los neófitos acababan de dejar sus blancas túnicas. La Iglesia compara a sus hijos con los niños recién nacidos y esa leche que les da de beber (Int.) es la fe en Jesús que les hará triunfar sobre el mundo.
Esa fe tiene por fundamento el testimonio del Padre, que en bautismo de Cristo (agua) le había ya proclamado Hijo suyo; del Hijo, que en la cruz (sangre), se mostró verdaderamente Hijo del Padre; y del Espíritu Santo (fuego), el cual atestigua por la Resurrección de Jesús la divinidad del Salvador (Ep.). También nos muestra el Evangelio, cómo Cristo que se apareció dos veces en el Cenáculo, después de confundir la incredulidad de TOMÁS, alabó a los que, sin haber visto, creen en ÉL. Creamos nosotros en Jesús resucitado, y repitamos en presencia de la divina Eucaristía, donde está real y verdaderamente, aquel grito de fe y de humildad de SANTO TOMÁS: “¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!”. “Tú Rey de la gloria, oh Cristo”. Es verdad que moriste por nuestros pecados; pero también resucitaste para revestirnos de tu justicia y devolvernos el derecho perdido a la herencia. Gracias, Señor, gracias te sean dadas por tan señalado beneficio. “Que en tu Resurrección, oh Cristo, se alegren cielos y tierras”, porque todos juntamente contigo resucitamos. Que estas alegrías pascuales, alegrías puras y de cielo, perduren en nosotros y dejen impresa honda huella en nuestras almas. Ocho días hace que te vimos surgir vencedor de la muerte y del infierno, cual león fuerte de Judá. Tus rugidos han hecho estremecerse al mundo incrédulo, y confiar al rebañito pequeño sí, pero escogido, que Tu mismo te elegiste y que vive tranquilo y en paz, sabiendo que Tú eres quien le guardas. Cada Domingo renovaremos y honraremos la memoria de tu santa Resurrección. Líbranos por ella de todo mal. Hoy, SEÑOR, sólo pedimos una gracia, gracia que las resume todas; gracia, que tantas veces implora la liturgia de estos sacratísimos días: ut Sacramentum viviendo TENEANT; QUE ESTAS FIESTAS pascuales y las gracias celestiales que en ellas llueven a torrentes, moribus et vita TENEAMUS. Lo que equivale a aquella amonestación que el sacerdote nos dirigió al bautizarnos: SERVA BAPTISMUM TUUM, guarda blanca túnica de tu bautismo, y encendida la luz de la fe que en él se te dio; para que cuando el Esposo venga a llamarte a las bodas, puedas seguirle con todos sus Santos a los palacios del cielo y tener vida eterna, y el gozo por los de los siglos. AMEN, AMEN. Fiat, Fiat!!!
(La Estación es hoy en la Iglesia de SAN PANCRACIO, que se levanta sobre el sepulcro de aquel tiernecito mártir de solo doce años. Fue una de las víctimas de la persecución, y junto a sus reliquias se reunían vástagos de la Iglesia para recibir fortaleza para el prolongado martirio de la vida cristiana).
Epístola – Lección de la Epístola 1ª del Apóstol San Juan (V, 4-10). San Juan enseña, contra los gnósticos (DOCETISMO) de su tiempo que negaban la divinidad de Jesucristo, que éste no era Dios solamente por habérsele unido en el bautismo del Jordán – como ellos pretendían -, la naturaleza divina, sino también en las entrañas de la Virgen María; que es lo que él llama “agua y sangre”.
Evangelio – Continuación del Santo Evangelio, según San Juan (XX, 19-31). Se relatan aquí dos apariciones de Jesús resucitado: una a todos los Discípulos reunidos, menos TOMÁS, en la que Jesús instituye el sacramento de la confesión; y otra a los mismos, y a TOMÁS con ellos, en la que se deja examinar y tocar para confundir el escepticismo de TOMÁS. Esta segunda corresponde a este domingo de hoy, Octava de Resurrección.
En estos últimos días, la Iglesia estaba de luto; hoy, está alegre y canta: ALLELUIA! HAEC DIES QUAM FECIT DOMINUS, EXULTEMUS ET LAETEMUR IN EA! Efectivamente, la Resurrección de JESUCRISTO es una fiesta solemne entre todas; es para Él el misterio más glorioso y el más consolador para nosotros.
Nuestro Señor “fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Hoy, triunfa de la muerte, vuelve a la vida, pero a una vida inmortal, y esto es para nosotros una fuente de júbilo, de satisfacción y de esperanza para la vida eterna.
¿CÓMO RESUCITO NUESTRO SEÑOR?
1) Nuestro Señor había muerto el viernes a las tres; POCO DESPUÉS, JOSÉ DE ARIMATEA, lo bajaron de la cruz, lo embalsamaron y lo sepultaron. Los príncipes de los sacerdotes pusieron guardia en el sepulcro, después de sellar la piedra. Testimonio excepcionalmente precioso que dan, sin querer, de la muerte y sepultura de Jesús, y de la imposibilidad de robar su cuerpo. 2) Ahora bien, antes de la aurora del domingo, que era el tercer día después de la muerte de Jesús, su alma, por propio poder divino, fue a reunirse a su cuerpo, comunicándole las cualidades de los cuerpos resucitados…; y Jesús glorioso e inmortal salió de la tumba, sin romper ni los sellos ni la piedra, tal como había salido del casto seno de María… 3) Entonces hubo un gran terremoto; un ángel del Señor derribó la piedra que cerraba el sepulcro y se sentó encima de ella. Su faz brillaba como el rayo y sus vestiduras eran blancas como la nieve. A su vista, los guardia, llenos de terror, quedaron como muertos… después huyeron para ir a contar a los príncipes de los sacerdotes la maravilla que acababa de suceder…Astucia de éstos, tan insensata e inútil como lo había sido sus precauciones de la víspera. 4) Visita de las santas mujeres al sepulcro… palabras del ángel… Su lenguaje y el de la Magdalena a los Apóstoles, incredulidad de éstos… Pedro y Juan van al sepulcro. 5) Apariciones de Jesús, primero a su divina Madre, a la Magdalena, a las santas mujeres, a Pedro, a los dos discípulos de Emaús, a los Apósteles, en ausencia de Tomás… el gozo y el consuelo de la Santísima Virgen. RESURREXIT SICUT DIXIT, ALLELUIA! HOC DIES QUAM FECIT DOMINUS, EXULTEMUS ET LAETEMUR IN EA.
¿POR QUÉ RESUCITÓ NUESTRO SEÑOR?
1) Para honrar y glorificar el cuerpo de Jesús, que había sufrido tanto. Le era muy debida semejante recompensa. Anteayer, se veía humillado, despreciado, escupido, azotado, coronado de espinas, cruelmente clavado en la cruz…; después moría en el patíbulo y era sepultado apresuradamente clavado…Pero hoy, helo aquí resucitado triunfante y vencedor de la muerte; brilla como el sol, es impasible, ya no irá morirá…; veámosle sutil y ágil, penetrado en todos los lugares. Jesús en este día es glorificado delante de su Padre, de los ángeles, de las potencias del infierno, de sus discípulos, de sus enemigos… ¡HOC DIES! ¡HOY ES EL DÍA!... 2) Para excitar y confirmar nuestra fe y fortalecer nuestra esperanza: La Resurrección de Jesucristo es verdaderamente el fundamento y el triunfo de nuestra fe, porque prueba claramente la divinidad y la omnipotencia de Nuestro Señor. Un varón de Dios, por comunicación del poder divino, puede hacer milagros, incluso resucitar muertos…; pero pertenece sólo a Dios resucitarse a Sí mismo. Así había predicho en varias ocasiones su resurrección; y era incluso ésta la señal de su divinidad que había prometido a los judíos. Es también el argumento principal y el más, sólido con el que los Apósteles demostraron que Jesucristo es Dios, y convirtieron el mundo: “Si Cristo no resucitó – decía San Pablo -, luego vana es nuestra predicación y vana es también vuestra fe”. Pero si Jesucristo resucitó verdadera.
FRUTOS DE LA RESURRECCIÓN
1) La Resurrección de Jesucristo no es solamente el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, sino además el modelo de nuestra resurrección espiritual: lo que hizo decir a TERTULIANO: “Un pecador convertido y reconciliado por la gracia debe ser un compendio de la copia de la resurrección del Salvador”. 2) Pero, ¿en que consiste esta nueva vida?... En renunciar al pecado, en morir a todos nuestros vicios y en vivir en adelante en todas las cosas según Jesucristo… Cambio de vida verdadero y completo, dice SAN PABLO: “renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas vivamos sobria, justa y religiosamente en este siglo, aguardando la bienaventuranza esperada”. A esto el mismo Apóstol, en otro lugar, llama “saborear las cosas del cielo, no las de la tierra… desnudarse del hombre viejo y vestirse del nuevo”. Dice SAN AGUSTÍN: “¿De qué nos servirá humillarnos con la penitencia, si no nos cambiamos”? Por tanto, es preciso que, muertos al pecado – santidad negativa -, vivamos la vida de Jesús, santidad positiva. 3) Esta vida santa, vida de penitencia, de mortificación, de trabajos, de amor por JESÚS, es para nosotros, como lo fue para Él. ¡Que motivo de consuelo de aliento para nosotros! ¡Qué obras maravillosas hizo realizar esta esperanza a lo mártires y a los santos! 4) Por el contrario, ¡ay de aquellos que, a pesar de la Pasión y del Resurrección de NUESTRO SEÑOR, continúan poniendo sus cuerpos al servicio del pecado! ÉSTOS RESUCITARÁN PARA LA MUERTE ETERNA. (Extraído del Archivo Homilítico, Thiriet- Pezzali, Vol. IV).
Estáis unidos vigorosamente, amigos de la Cruz, como otros tantos soldados del crucificado, para combatir el mundo. No huís de él, como los religiosos y religiosas, o por medio a ser vencidos, sino que avanzáis como intrépidos y valerosos guerreros en el campo de batalla, sin retroceder un solo paso ni huir cobardemente. ¡Ánimo! ¡Luchad con valentía!
Uníos fuertemente; la unión de los espíritus y de los espíritus y de los corazones es mucho más fuerte y terrible y al infierno de lo que serían los ejércitos de un reino bien unido para los enemigos Estado.
Los demonios se unen para perderos; uníos para derribarlos. Los avaros se unen para negociar y acaparar oro y plata; unid vuestros esfuerzos para conquistar los tesoros de la eternidad contenidos en la cruz. Los libertinos se unen para divertirse: uníos para sufrir.
OS LLAMÁIS AMIGOS DE LA CRUZ. ¡QUÉ NOMBRE TAN GLORIOSO! OS CONFIESO QUE ME ENCANTA Y DESLUMBRA. ES MÁS BRILLANTE QUE EL SOL, MÁS ALTO QUE LOS CIELOS, MÁS GLORIOSO Y MAGNÍFICO QUE LOS MAYORES TÍTULOS DE REYES Y EMPERADORES. ES EL NOMBRE EXCELSO DE JESUCRISTO, DIOS Y HOMBRE VERDADERO. ES EL NOMBRE SIN EQUÍVOCO DE UN CRISTIANO.
Pero si su brillo me encanta, no es menos cierto que su peso me espanta. ¡CUÁNTAS OBLIGACIONES INELUDIBLES Y DIFÍCILES ENCIERRA ESTE NOMBRE! EL ESPÍRITU SANTO LAS EXPRESA CON ESTAS PALABRAS: LINAJE ELEGIDO, SACERDOCIO REAL, NACIÓN CONSAGRADA, PUEBLO ADQUIRIDO POR DIOS (1 Pe 2, 9).
UN AMIGO DE LA CRUZ ES UN HOMBRE ESCOGIDO POR DIOS, entre diez mil personas que viven según los sentidos y la sola razón, para ser un hombre totalmente divino, que supere la razón y se oponga a los sentidos con una vida y una luz de pura fe y un gran amor vehemente a la cruz.
UN AMIGO DE LA CRUZ ES UN REY TODOPODEROSO, UN HÉROE QUE TRIUNFA DEL DEMONIO, DEL MUNDO Y DE LA CARNE EN SUS TRES CONCUPISCENCIAS. Al amar las humillaciones, arrolla el orgullo de Satanás. Al amar la pobreza, triunfa de la avaricia del mundo. Al amar el dolor, mortifica, la sensualidad de la carne.
UN AMIGO DE LA CRUZ ES UN HOMBRE SANTO Y APARTADO DE TODO LO VISIBLE. Su corazón se eleva por encima de todo lo caduco y perecedero. Su conversión está en los cielos. Pasa por esta tierra como extranjero y peregrino, sin apegarse a ella; la mira de reojo, con indeferencia, y la huella con desprecio.
UN AMIGO DE LA CRUZ ES UNA CONQUISTA SEÑALADA DE JESUCRISTO, crucificado en el Calvario en unión con su Santísima Madre. Es un BENJAMÍN, nacido de su costado traspasado. Y teñido con su sangre. A causa de su origen sangriento, no respira sino cruz, sangre y muerte al mundo, a la carne y al pecado, a fin de vivir en la tierra oculto en Dios con Jesucristo.
POR FIN, UN AMIGO DE LA CRUZ ES UN VERDADERO PORTA-CRISTO, O MEJOR, OTRO CRISTO, QUE PUEDE DECIR CON TODA VERDAD: YA NO VIVO, YO VIVO EN MI CRISTO (Gal. 2, 20).
Queridos Amigos de la Cruz, ¿OBRÁIS EN CONFORMIDAD CON LO QUE SIGNIFICA VUESTRO GRANDIOSO NOMBRE? ¿tenéis, por lo menos, verdadero deseo y voluntad sincera de obrar así, con la gracia de Dios, a la sombra de la cruz del Calvario y de Nuestra Señora de los Dolores? ¿Utilizáis los medios necesarios para conseguirlo?
HABÉIS ENTRADO EN EL VERDADERO CAMINO DE LA VIDA, QUE ES EL SENDERO ESTRECHO Y ESPINOSO DEL CALVARIO? ¿NO CAMINÁIS, SIN DAROS CUENTA, POR EL SENDERO ANCHE DEL MUNDO, QUE CONDUCE A LA PERDICIÓN? ¿SABÉIS QUE EXISTE UN CAMINO QUE AL HOMBRE (MUNDANO) LE PARECE RECTO Y SEGURO, PERO LLEVA A LA MUERTE…?
SAN LUIS GRIGNON DE MONFORT: Extracto de “Los Amigos de la Cruz”.
"...el conflicto no es solamente entre la Iglesia y el Estado, sino también dentro de la jerarquía. Roma desautoriza a una arquidiócesis brasileña, y ésta responde acusando al Vaticano de no conocer los hechos y de poner en duda la doctrina. Los documentos de la colisión."
Por Sandro Magister
En los medios de comunicación de Europa y de América, el viaje de Benedicto XVI a Camerún y Angola que concluye hoy ha sido prácticamente oscurecido por las polémicas desatadas por una frase pronunciada por él al comienzo del viaje, en el avión que lo llevaba a Yaoundé, en respuesta a la pregunta de un periodista:
"No se puede resolver el flagelo del SIDA con la distribución de preservativos. Al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema".
Contemporáneamente, una segunda polémica ha estallado desde otro país del sur del mundo, Brasil, con motivo del aborto practicado en una niña muy joven.
Anticonceptivos y aborto son dos cuestiones entre las más controvertidas en la relación entre la Iglesia y la modernidad. La Iglesia se ha pronunciado en particular contra los anticonceptivos con la encíclica "Humanae vitae", de Pablo VI; sobre el aborto con la encíclica "Evangelium vitae" de Juan Pablo II.
Respecto a la primera cuestión, la polémica de los días pasados fue agigantada sobre todo por las fastidiosas reacciones contra las palabras del Papa, procedentes de los gobiernos de Francia, Alemania, Bélgica, España, la Comisión Europea, de dirigentes de la Organización de las Naciones Unidas y del Fondo Monetario Internacional.
Por el contrario, en el caso del aborto de la niña brasileña, a la polémica entre el Estado y la Iglesia se ha superpuesto un conflicto dentro de la misma jerarquía católica, en los más altos niveles.
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A propósito del SIDA, la acusación que ha sido lanzada por enésima vez contra la Iglesia ha sido la de que ella favorece su difusión, al prohibir el preservativo.
Pero los hechos dicen que, en África, casi un tercio de las iniciativas contra la propagación del SIDA son obra de los católicos. Los preservativos son objeto de difusión masiva por parte de gobiernos, entes internacionales y ONGs, y no tiene éxito la oposición de los católicos obstaculizando la distribución y el uso, especialmente entre los cónyuges en los que uno de ellos es portador de contagio. Pero todo operador experimentado sabe que los preservativos no bastan, como lo prueba la difusión del SIDA en los países ricos del norte, donde los preservativos están a disposición de todos. El juicio de la Iglesia, confirmado por la experiencia de campo, es que por sí solos los preservativos no frenan la promiscuidad sexual, la cual es la verdadera causa de la propagación del flagelo, inclusive a veces la alientan, haciendo gala de una seguridad engañosa.
En consecuencia, frente al problema del SIDA, la Iglesia Católica se prodiga sobre todo en dos formas, las que Benedicto XVI ha recordado en la respuesta que ha incentivado la polémica: con una "humanización de la sexualidad", alentando su ejercicio sólo dentro del amor conyugal fiel, y con el cuidado de los enfermos. Las investigaciones prueban que los resultados son reconfortantes, allí donde al uso del preservativo se le anteponen una guía para el control de la sexualidad y los cuidados adecuados y gratuitos.
Al encontrarse en Yaoundé con los operadores contra el SIDA y luego con los enfermos que son cuidados, Benedicto XVI ha comparado la acción de la Iglesia con la de Simón de Cirene, el campesino africano que ayudó a Jesús a llevar la cruz.
Esta imagen de proximidad con el que sufre lleva directamente al segundo conflicto desatado los días pasados, sobre el aborto practicado en una niña.
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"A favor de la niña brasileña": así ha titulado "L'Osservatore Romano" del 15 de marzo una nota en primera página, firmada por el arzobispo Rino Fisichella, presidente de la Pontifica Academia para la Vida, además de ser rector de la Pontificia Universidad Lateranense.
A causa de la fama del autor, de los cargos que ocupa y más todavía por los contenidos, el artículo estaba seguramente entre los controlados y autorizados por la Secretaría de Estado vaticana.
El artículo partía del caso de una niña brasileña en edad fértil ya a los nueve años, violada muchas veces por su joven padrastro, quien quedó encinta de dos gemelos y que luego fue obligada a abortar en el cuarto mes de la gestación.
El caso, escribió Fisichella, "ha ganado las páginas de los diarios, sólo porque el arzobispo de Olinda y Recife se ha apresurado a declarar la excomunión para los médicos que la han ayudado a interrumpir el embarazo", cuando por el contrario, "antes que pensar en la excomunión", la niña "debía en primer lugar ser defendida, abrazada, acariciada" con esa "humanidad de la que nosotros, hombres de Iglesia, debemos ser expertos anunciadores y maestros". Pero "no ha sido así".
El ataque al arzobispo de Olinda y Recife – la diócesis en la que Helder Cámara fue su pastor – no podía ser más duro.
En efecto, las declaraciones del arzobispo sobre la excomunión de los que llevaron a cabo el doble aborto ocasionaron el exacerbamiento del conflicto ya en curso desde hace tiempo en Brasil entre la Iglesia y el gobierno, la primera empeñada en una gran campaña en defensa de la vida naciente, el segundo orientado a liberalizar el aborto más de cuanto ya lo está.
Desde Roma, el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, en una entrevista publicada en el diario "La Stampa", defendió al arzobispo de Olinda y Recife.
Otro tanto había hecho en Brasil la Conferencia Episcopal, con una nota difundida el 13 de marzo y con declaraciones de su presidente, el arzobispo Geraldo Lyrio Rocha, y su secretario, Dimas Lara.
También el nuevo arzobispo de Rio de Janeiro, Orani João Tempesta, se había expresado en el mismo sentido, remarcando entre otras cosas que la madre de la niña había atestiguado que "el único lugar en el que no se había sentido maltratada, sino respetada, había sido la oficina de Caritas".
Inclusive desde Francia había llegado un notable apoyo a lo hecho por la Iglesia brasileña. El obispo de Toulon, Dominique Rey, de visita en ese país, había declarado que vio con sus ojos "los múltiples testimonios de misericordia llevados a cabo por las comunidades cristianas que se habían acercado y acompañado a la niña y a su madre".
Pero la Santa Sede se ha comportado en forma diferente. Al publicar el artículo de Fisichella en el "L'Osservatore Romano", ha mostrado que antepone a la defensa de la Iglesia brasileña y de su campaña "pro vita" el objetivo de apaciguar las disidencias con la opinión laica, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su gobierno.
Con esta forma de proceder se ha llevado íntegramente el conflicto al interior de la jerarquía, suscitando además una controversia al insinuar la autorización del aborto en casos como el que está en discusión.
En efecto, el artículo de Fisichella continuaba de este modo:
"A causa de la más que joven edad y de las condiciones precarias de su salud, la vida [de la niña] estaba en serio peligro a causa del embarazo en curso. ¿Cómo actuar en estos casos? Decisión ardua para el médico y para la misma ley moral. Opciones como ésta [...] se repiten cotidianamente [...] la conciencia del médico se encuentra sola consigo misma en el acto de verse obligado a decidir qué es lo mejor que se debe hacer".
Al final del artículo Fisichella elogiaba a quienes "han permitido vivir" a la niña.
Es verdad que, en otro pasaje, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida acentuaba que "el aborto provocado ha sido condenado siempre por la ley moral como un acto intrínsecamente malo. Esta enseñanza permanece inmutable hasta nuestros días".
Pero las dudas antes asomadas quedaron intactas, y dieron la impronta a todo el artículo. Dudas que contrastan visiblemente con la granítica solidez de este pasaje del parágrafo 62 de la encíclica "Evangelium vitae", de Juan Pablo II:
"Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia".
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Al artículo de Fisichella publicado en "L'Osservatore Romano", la arquidiócesis de Olinda y Recife le ha replicado el 16 de marzo con las "Aclaraciones" oficiales, publicadas en forma bien visible en la home page de su sitio web.
Por parte de Roma no ha habido ningún gesto de recibimiento. Ni siquiera cuando el 21 de marzo se ha pronunciado nuevamente sobre el episodio el director de la sala de prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi.
Ese día el padre Lombardi estaba en Luanda, acompañando el viaje de Benedicto XVI en Camerún y en Angola.
El día anterior, hablando al cuerpo diplomático y haciendo referencia al artículo 14 del Protocolo de Maputo sobre la "salud materna y reproductiva", el Papa había se había pronunciado polémicamente:
"¡Qué amarga es la ironía de aquellos que promueven el aborto como una cura de la salud materna! Qué desconcertante resulta la tesis de aquellos para quienes la supresión de la vida sería una cuestión de salud reproductiva!".
El padre Lombardi, al encontrarse con los periodistas, ha excluido cualquier relación entre las palabras del Papa y el episodio de la niña brasileña. Y continuó de esta manera:
"Sobre esta cuestión, son válidas las consideraciones de monseñor Rino Fisichella, quien en 'L'Osservatore Romano' ha lamentado la excomunión declarada demasiado rápidamente por el arzobispo de Recife. Ningún caso límite debe oscurecer el verdadero sentido del discurso del Santo Padre, quien se refirió a algo diferente en extremo. [...] El Papa no ha hablado en absoluto del aborto terapéutico y no ha dicho que debe ser rechazado siempre".
Ha sido un golpe que, luego de casi una semana de la difusión de las "Aclaraciones" de la arquidiócesis brasileña, el portavoz oficial de la Santa Sede haya mostrado que la ignora totalmente, tanto en la opuesta reconstrucción de los hechos como en las objeciones de carácter doctrinal y moral.
A continuación, íntegro, el documento de la arquidiócesis brasileña:
Esclarecimientos de la arquidiócesis de Olinda y Recife
Respecto al artículo titulado "Dalla parte della bambina brasiliana", publicado en "L'Osservatore Romano" el día 15 de marzo, nosotros abajo firmantes declaramos:
1. El acto de estupro no aconteció en Recife, como dice el artículo, sino en la ciudad de Alagoinha, diócesis de Pesqueira. El aborto sí fue practicado en Recife.
2. Todos nosotros – comenzando por el párroco de Alagoinha, abajo firmante – tratamos a la niña embarazada y a su familia con toda caridad y ternura. El párroco, ejerciendo su celo pastoral, al conocer la noticia en su residencia, se dirigió de inmediato a la casa de la familia, donde se encontró con la criatura para prestarle apoyo y acompañamiento, frente a la grave y difícil situación en la que se encontraba la niña. Esta actitud se repitió a lo largo de todos los días, desde Alagoinha hasta Recife, donde se produjo el triste final del aborto de dos inocentes. Por lo tanto, fue evidente e inequívoco que nadie pensó en primer lugar en la "excomunión". Usamos todos los medios a nuestro alcance para evitar el aborto y salvar así las tres vidas. El párroco acompañó personalmente al Consejo tutelar de la ciudad en todas las iniciativas que buscaban el bien de la niña y de sus hijos. En el hospital y en las visitas diarias demostró actitudes de cariño y atención que dieron a entender, tanto a la criatura como a su madre, que ambas no estaban solas, sino que la Iglesia, allí representada por el párroco local, les garantizaba la asistencia necesaria y la certeza que todo se haría para el bien de la niña y para salvar a sus dos hijos.
3. Después que la niña fuera transferida hacia un hospital de la ciudad de Recife, intentamos utilizar todos los medios legales para evitar el aborto. En algún momento la Iglesia fue omitida en el hospital. El párroco de la niña realizó visitas diarias al hospital, desplazándose de la ciudad que dista 230 km de Recife, sin escatimar esfuerzo alguno, para que tanto la criatura como su madre sintiesen la presencia de Jesús, el Buen Pastor que va al encuentro de las ovejas que más precisan de su apoyo. De este modo el caso fue tratado con toda la atención debida por parte de la Iglesia y no "en forma apresurada" como dice el artículo.
4. No estamos de acuerdo con la afirmación que "la decisión es ardua… para la propia ley moral". Nuestra Santa Iglesia sigue proclamando que la ley moral es clarísima: nunca es lícito eliminar la vida de un inocente para salvar otra vida. Los hechos objetivos son éstos: hay médicos que declaran explícitamente que practican y continuarán practicando el aborto, en tanto otros declaran con la misma firmeza que jamás practicarán el aborto. Ésta es la declaración escrita y firmada por un médico católico brasileño: "Como médico obstetra durante 50 años, formado por la Facultad Nacional de Medicina de la Universidad de Brasil, y como ex jefe de la Clínica Obstétrica del Hospital de Andarai, donde serví durante 35 años hasta que me jubilé y me consagré al diaconado, y habiendo realizado 4.524 (cuatro mil quinientos veinticuatro) partos, muchos en menores de edad, nunca necesité recurrir al aborto para 'salvar vidas', al igual que todos mis colegas íntegros y honestos en su profesión y cumplidores de su juramento hipocrático".
5. Es falsa la afirmación de que el hecho fue divulgado en los diarios solamente porque el arzobispo de Olinda y Recife se apresuró a declarar la excomunión. Basta ver que el caso salió a la luz en Alagoinha el día 25 de febrero, el arzobispo hizo declaraciones a la prensa el día 3 de marzo y el aborto se llevó a cabo el día 4 de marzo. Sería un exceso imaginar que la prensa brasileña, frente a un hecho de tamaña gravedad, lo hubiese silenciado durante un intervalo de seis días. De la misma manera, la noticia de la niña ("Carmen") embarazada fue divulgada en los días anteriores a la consumación del aborto. Sólo entonces, interrogado por los periodistas el día 3 de marzo, el arzobispo mencionó el canon 1398 [del código de derecho canónico]. Estamos convencidos que la divulgación de esta pena medicinal, la excomunión, hará bien a muchos católicos, al llevarlos a evitar este pecado gravísimo. El silencio de la Iglesia sería muy perjudicial, sobre todo al constatarse que en el mundo entero están aconteciendo cincuenta millones de abortos cada año y sólo en Brasil se suprime un millón de vidas inocentes. El silencio puede ser interpretado como connivencia o complicidad. Si algún médico tiene "conciencia perpleja" antes de practicar un aborto (lo que nos parece extremadamente improbable), él, si es católico y desea observar la ley de Dios, debe consultar a un director espiritual.
6. En otras palabras, el artículo es una afrenta directa a la defensa de la vida de las tres criaturas, defensa llevada a cabo en forma vehemente por Dom José Cardoso Sobrinho y demuestra que el autor no tiene bases ni informaciones necesarias para hablar sobre el tema, a causa del total desconocimiento de los detalles del hecho. El hospital que realizó el aborto en la niña es uno de los dos que realizan siempre este procedimiento en nuestro Estado, bajo el manto de la "legalidad". Los médicos que actuaron en el aborto de los dos gemelos declararon y continúan declarando en los medios nacionales que hicieron lo que ya estaban acostumbrados a hacer "con mucho orgullo". Uno de ellos, inclusive, declaró: "Ya fui, entonces, excomulgado varias veces".
7. El autor se arrogó el derecho de hablar sobre lo que no conocía, sin siquiera hacer el esfuerzo de conversar previamente de modo fraternal y evangélico con el arzobispo, y por esta actitud imprudente, está causando una gran confusión a los fieles católicos de Brasil. En vez de consultar a su hermano, prefirió creerle a nuestra prensa muchas veces anticlerical.
Recife, 16 de marzo de 2009
Edvaldo Bezerra da Silva Vicario general de la arquidiócesis de Olinda y Recife
Cicero Ferreira de Paula Canciller de la arquidiócesis de Olinda y Recife
Moisés Ferreira de Lima Rector del seminario arquidiocesano
Márcio Miranda Abogado de la arquidiócesis de Olinda y Recife
Edson Rodrigues Párroco de Alagoinha, diócesis de Pesqueira
El artículo publicado en "L'Osservatore Romano", el 15 de marzo de 2009, objeto de la Declaración de la arquidiócesis de Olinda y Recife:
A favor de la niña brasileña
Por Rino Fisichella
El debate sobre algunas cuestiones se torna muchas veces apretado y las diferentes perspectivas no siempre permiten considerar cuán grande es lo que se pone verdaderamente en juego. Éste es el momento en el que se debe mirar a lo esencial y, por un momento, dejar aparte lo que no remite directamente al problema. El caso es simple en su dramaticidad. Hay una niña de solo nueve años –la llamaremos Carmen- a la que debemos mirar fijo a los ojos, sin apartar la mirada siquiera un segundo, para hacerle entender cuán bien se la quiere. Carmen, en Recife (Brasil), es violentada repetidamente por el joven padrino, queda encinta de dos gemelos y no tendrá más una vida fácil. La herida es profunda, porque la violencia totalmente gratuita la ha destruido por dentro y difícilmente le permitirá en el futuro mirar a los otros con amor. Carmen representa una historia de violencia cotidiana y ha ganado las páginas de los diarios, sólo porque el arzobispo de Olinda y Recife se ha apresurado a declarar la excomunión para los médicos que la han ayudado a interrumpir el embarazo. Una historia de violencia que, desgraciadamente, había pasado inadvertida, pues se había habituado tanto a sufrir cada día hechos de una gravedad inigualable, si no hubiese sido por el ruido y las reacciones suscitadas por la intervención del obispo. La violencia sobre una mujer, ya grave de por sí, asume un carácter todavía más despreciable cuando la ha sufrido una niña, con el agravante de la pobreza y de la degradación social en la que vive. No hay palabras adecuadas para condenar tales episodios, y los sentimientos que se derivan son muchas veces una mezcla de rabia y rencor, que se adormecen sólo cuando se hace realmente justicia y cuando hay certeza que la pena infligida al delincuente de turno se ha de cumplir. En primer lugar, Carmen debía ser defendida, abrazada, acariciada con dulzura para hacerle sentir que todos estamos con ella; todos, sin distinción alguna. Antes que pensar en la excomunión era necesario y urgente salvaguardar su vida inocente y elevarla a un nivel de humanidad, de la cual nosotros, hombres de Iglesia, debemos ser expertos anunciadores y maestros. No ha sido así, y desgraciadamente, ello resiente la credibilidad de nuestra enseñanza, que aparece a los ojos de muchos como insensible, incomprensible y carente de misericordia. Es verdad: Carmen llevaba dentro de sí otras vidas inocentes como la suya, aun cuando fruto de la violencia, y han sido eliminados, lo que sin embargo no basta para dar un juicio que pesa como un hacha. En el caso de Carmen han colisionado la vida y la muerte. A causa de la más que joven edad y de las condiciones precarias de salud, su vida estaba en serio peligro a causa del embarazo en curso. ¿Cómo actuar en estos casos? Decisión ardua para el médico y para la misma ley moral. Opciones como ésta, aun cuando con una casuística diferente, se repiten cotidianamente en las salas de reanimación, en momentos en que la conciencia del médico se encuentra sola consigo misma en el acto de verse obligado a decidir qué es mejor hacer. En todo caso, nadie arriba a una decisión de este género con desenvoltura; el solo pensarlo es injusto y ofensivo. El respeto debido a la profesionalidad del médico es una regla que debe incluir a todos, y no puede permitir llegar a un juicio negativo sin haber considerado antes en toda su profundidad el conflicto que se ha creado. El médico carga con su historia y su experiencia; una opción como la de tener que salvar una vida, sabiendo que pone en serio riesgo una segunda, jamás se vive con facilidad. Es cierto que algunos se habitúan a las situaciones de tal forma que no ponen a prueba ni siquiera sus emociones, pero en estos casos la decisión de ser médico se degrada al punto de convertirse sólo en un oficio que se practica sin entusiasmo y que se sufre pasivamente. Sin embargo, mezclar conceptos en forma confusa, más que incorrecto sería injusto. Carmen ha vuelto a proponer un caso moral que se cuenta entre los más delicados; tratarlo en forma expeditiva no haría justicia ni a su frágil persona ni a cuantos están involucrados en forma diversa en la experiencia. En tal caso, como todo caso singular y concreto merece ser analizado en su peculiaridad, sin generalizaciones. La moral católica tiene principios de los cuales no puede prescindir, aunque quisiera. La defensa de la vida humana desde su concepción pertenece a uno de estos principios y se justifica por la sacralidad de la existencia. En efecto, todo ser humano, desde el primer instante lleva impresa en sí la imagen del Creador, por eso estamos convencidos que se le deben reconocer la dignidad y de los derechos de toda persona, antes que nada el de su intangibilidad e inviolabilidad. El aborto provocado ha sido condenado siempre por la ley moral como un acto intrínsecamente malo. Ésta es una enseñanza que permanece inmutable hasta nuestros días desde los primeros días de la Iglesia. El Concilio Vaticano II, en la Gaudium et spes -documento de gran apertura y perspicacia respecto al mundo contemporáneo- utiliza en forma inesperada palabras inequívocas y durísimas contra el aborto directo. La misma colaboración formal constituye una culpa grave que, cuando se realiza, lleva automáticamente fuera de la comunidad cristiana. Técnicamente, el Código de Derecho Canónico utiliza la expresión latae sententiae, para indicar que la excomunión se produce precisamente en el momento mismo en el que acontece el hecho. Consideramos que no era necesaria tanta urgencia y publicidad para declarar un hecho que se produce en forma automática. De lo que se siente mayormente la necesidad en este momento es del signo que testimonie la cercanía con quien sufre, un acto de misericordia que, además de mantener firme el principio, es capaz de mirar más allá de la esfera jurídica para obtener lo que el Derecho mismo prevé como finalidad de su existencia: el bien y la salvación de cuantos creen en el amor del Padre y de cuantos acogen el Evangelio de Cristo como niños, a quienes Jesús llamaba junto a sí y a quienes estrechaba entre sus brazos, diciendo que el Reino de los Cielos pertenece al que es como ellos. Carmen, estamos de tu parte. Compartimos contigo el sufrimiento que has experimentado, queremos hacer todo lo posible para restituirte la dignidad de la que has sido privada y el amor del que todavía debes tener necesidad. Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no los que te han permitido vivir y te ayudaron a recuperar la esperanza y la confianza, a pesar de la presencia del mal y de la malicia de muchos.